sábado, 27 de febrero de 2010

CALAVERA (5ª parte)


Y bien, después de cinco semanas, llegamos a la parte final de Calavera. Seguramente, ustedes se habrán acostumbrado a dominguear con este singular personaje y no faltará quien haya llegado a simpatizar con él, a pesar de no haberlo conocido. También es posible que el domingo venidero lo extrañen. Es que el pintoresco Calavera nos ha atrapado a todos. ¿Se van explicando ahora, por qué decíamos hace mas de un mes, que también se puede trascender desde un modesto mostrador?

En verdad, todavía no lo han conocido del todo (salvo quienes lo trataron en vida), porque hemos dejado para el final, los aspectos mas salientes de su personalidad.

AMISTADES IMPORTANTES

Además de los ídolos del deporte y la farándula, Calavera trabó amistad con políticos de todos los partidos, que concurrían al Bar Central. Ya hemos recordado a Pebete Daneri, que en ocasiones llegaba acompañado de otros dirigentes conservadores, como su socio el Dr. Alfredo J. Simón, o el Dr. Juan Labayen. Otras veces, invitaba a figuras de relieve nacional, como Adolfo Vicchi, Laureano González o Julio Cueto Rúa. Entre los radicales que concurrían, podemos recordar a los Dres. Ramón Arigós; Samuel Villanueva, Enrique Gutiérrez y posteriormente, Pucho Minetto. Los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta hacían su enjundioso aporte, para que la mesa del vermouth al mediodía, conservara su bien cimentada fama de verdadero foro de la intelectualidad.-

Queremos resaltar este último aspecto, porque quien no haya conocido ambientes como el de Calavera , supondrá que en aquellos lugares, las conversaciones no pasaban del consabido nivel de charlas de mostrador. Esto ocurre en los bares de la actualidad, pero los de medio siglo atrás, servían de refugio a muchos intelectuales. Metidos en sus libros y papeles durante horas, se encontraban luego a gusto en la mesa de un bar, donde se distendían a piaccere. Allí se deleitaban, charlando con sus pares , copas de por medio y algún contertulio de menor vuelo, que de a ratos los volvía a la realidad, provocando momentos de humor. Esto no era exclusivo de Gualeguaychú. Era mas bien propio de la época y no está demás recordar las tertulias del Café Tortoni en la Avenida de Mayo, que solían frecuentar Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández , Alfonsina Storni, Florencio Molina Campos y otras luminarias.

En esto sí, podemos decir que todo tiempo pasado fue mejor. Porque de esos boliches no quedó nada. Y los pocos intelectuales que han quedado, no son ni la sombra de aquellos colosos. Antes se leía mas y los cultos eran mas cultos.

EL RETRATO "REVERSIBLE"

Como casi todos los mortales, Calavera tenía sus inclinaciones políticas. Debutó como ciudadano, votando a Hipólito Irigoyen para su segunda presidencia. Aún después de la revolución de 1930, defendió fervorosamente la bandera de quién había encarnado el protagonismo político de la clase media emergente. Y cuando a mediados de los años '40, irrumpe en el plano nacional la figura de Perón, Calavera, naturalmente inclinado a las causas populares, se siente llamado por el nuevo líder de los trabajadores y se incorpora de lleno al Peronismo. He ahí el motivo de la famosa anécdota: sus amigos lo verdugueaban, reprochándole que tuviera el legendario retrato reversible, para colocarlo según la ocasión, con la imagen de Irigoyen de un lado y la de Perón del otro.

AMISTAD PRESIDENCIAL

Don Raúl Arizaga Calleri solía venir a Gualeguaychú con la barra de Fray Bentos. Así como en los años '40, los grandes convites, organizados por su amigo Raúl Ghiglia, se hacían en el Copetín al Paso, en la década siguiente se trasladaron a lo de Calavera. Esas visitas luego eran devueltas y la barra local concurría a Fray Bentos con todo pago, para saborear generosos asados en La Enramada (la parrilla de Arizaga). A fines de aquella década arribó Arizaga a lo de Calavera con un médico de Salto, el Dr. Aparicio Méndez quien por entonces, políticamente hablando, andaba en la mala.

Don Aparicio se había hecho muy compinche de Carlitos Rossi, Don Hector Vasallo, Don Eduardo Borrajo y -por supuesto- de Calavera Orué. Este, quiso testimoniar su amistad a los visitantes asando una vaquilla para agasajarlos, pero no tuvo necesidad de comprarla pues Licho Secchi se la regaló.

Muchos años después, quiso el destino que las acciones de Don Aparicio repuntaran y llegara a ocupar la Presidencia del vecino país. En el desempeño de tan alta magistratura, concurrió a Gualeguaychú en septiembre de 1976, para la inauguración del Puente General San Martín. Estando aquí, manifestó deseos de saludar a su viejo amigo, don Vital Orué. Todavía se recuerda la escena emotiva, cuando en pleno almuerzo en presencia de las mas altas autoridades nacionales, provinciales y locales, en el Club Recreo, ingresó al salón el ya envejecido y achacoso Calavera, ayudado de un bastón. Al reconocerlo, el Presidente Méndez se puso inmediatamente de pié y rompiendo todo protocolo, se dirigió resueltamente hacia su amigo, para estrecharlo en un fraternal abrazo.

EL AUTENTICO CALAVERA

Ustedes se han anoticiado de un Calavera al que habrán caratulado ante todo, como un cascarrabias sin igual. Aunque también era predispuesto a la diversión.-

Hay otros aspectos que nos permiten conocer el ser humano auténtico, generoso y sensible, que se escondía bajo esa fachada superficial.-

Recordarán que cuando alguno se demoraba en el pago, Calavera le cerraba el crédito, rompiendo la cuenta en acto público. Si alguno se portaba mal, VITAL aplicaba su régimen disciplinario mediante una suspensión. Pero lo que no hemos dicho, es que invariablemente se compadecía y les hacía borrón y cuenta nueva, gracias a lo cual, varios tuvieron su reapertura. Si alguno necesitaba unos pesos para ir a un baile, Calavera se los prestaba, aunque en el momento tuviera cerrada la cuenta. Cuando había en el bar acontecimientos especiales (agasajos de amigos, despedidas), Calavera admitía en la reunión hasta a los que estaban más severamente sancionados, porque sus rabietas eran pasajeras, en cambio su bondad era constante. Una vez los muchachos lo suspendieron a él, dejando de asistir por unos días. Calavera los extrañaba tanto, que los llamaba por teléfono y con tal de que fueran, les perdonaba cualquier fechoría.-

Ese era el auténtico Calavera: un hombre sencillo, con defectos y virtudes, con pasiones sufrimientos y alegrías, pero fundamentalmente transparente, rotundo y de gran corazón. Por eso, quienes lo frecuentaron lo querían entrañablemente, aunque muchas veces lo hicieran enojar. Por eso el poema de Enrique Piaggio. Por eso la canción de Tatu Harispe. Por eso el recuerdo imperecedero para su figura singular.

Publicado el 24-5-87

No hay comentarios:

Publicar un comentario